Compartiendo vida, de la mano de La Morada
04.03.2026
©Milena Villalba vía Metalocus
Compartiendo vida, de la mano de La Morada
A menudo la sostenibilidad se reduce a lo ambiental, o si se explica con su completa definición, se acaba por percibir como algo lujoso, inalcanzable, o difícil de conseguir. Rara vez se entiende en su verdadera esencia: la búsqueda del equilibrio entre la satisfacción de las necesidades de hoy en día, y el compromiso con las necesidades futuras. Un ejemplo claro y material para entenderlo es La Morada, la luz al final del túnel para todos aquellos que anhelamos dicho equilibrio.
Se definen como una cooperativa feminista y LGTBIQ+ que busca con su proyecto crear una alternativa en términos de estructura, propiedad, cuidados, solidaridad, y comunidad. Es fruto del deseo de un grupo de amigas de poder compartir vida y envejecer juntas.
El equilibrio comienza por el propio edificio, que desde su color azul vivo quiere transmitir el papel que desea jugar en el barrio; distinguible y diferente. La prioridad principal sobre la que se ha diseñado la vivienda es la de encontrarse, no aislarse. Los balcones no están divididos, las puertas de acceso son de cristal, y el edificio cuenta con diversos espacios comunes como huerto, lavandería, coworking, salones y terrazas comunitarias. La arquitectura se adapta a un presupuesto humilde – dándole protagonismo al hormigón, abrazando la luz natural y el tiempo al aire libre – y a criterios de eficiencia energética, cosechando del sol y la tierra a través de estrategias pasivas, alta eficiencia, y energías renovables, lo que les certifica de clase A con cero emisiones CO2.
Si ya se te hace la boca agua, las ambiciones no se quedan aquí. Con esta apuesta, dan respuesta a otros aspectos: la crisis de la vivienda, el individualismo, la forma de habitar el espacio, y las discriminaciones a las que se enfrenta el colectivo que inicia este proyecto.
La idea de encontrarse en todos lados es crear comunidad, un modelo de convivencia donde prima el acompañamiento y que aboga por priorizar la solidaridad y el apoyo mutuo. Devolver el papel natural a los vecinos. Aunque no solo a tus vecinas de al lado, si no también a los vecinos del barrio. En su planteamiento está muy presente el rol que juegan ellas en el barrio de Roquetes, y prueba de ello es la comunidad energética que han comenzado a impulsar junto a entidades e instituciones locales, como la Associació de Veïnes, el Ateneu de Nou Barris, colegios, y mercados.
Una alternativa de convivencia que surge de manera coherente y natural con las personas que lo lideran, personas que rompen con las normativas de género, y con ello, el modelo tradicional de familia. Una alternativa que funciona y les permite crear una dinámica propia, al margen de la exclusión sistemática de los modelos tradicionales.
De esta forma, la vivienda deja de ser únicamente refugio para convertirse en estructura social, en una herramienta para reforzar vínculos, y sostener comunidad y vida en el tiempo.
Su funcionamiento no es ni compra ni alquiler, es a través de la cesión de uso, lo que les garantiza una vivienda durante 70 años – pagando una entrada por el piso y un alquiler de 700 euros – enfrentándose así al pésimo panorama habitacional de hoy en día.
Un proyecto diseñado y dirigido por Lacol, también una cooperativa de arquitectura que pone la sostenibilidad de la vida en el centro de sus trabajos. Es una obra de arte sostenible, liderada por personas comprometidas y concienciadas, que luchan por hacer las cosas mejor.
Jimena Lezón