Luz :
Para mí, lo artístico no es una opción profesional, es lo que me mantiene viva. Si la pregunta apunta a lo económico, diría que sobrevivo. Ser artista implica compromiso, responsabilidad y constancia, igual que cualquier otra forma de vivir. Pero también supone algo más, una enorme capacidad de resistencia.
El ecosistema de producción cultural es frágil, precarizado. La financiación no siempre es accesible, y muchas veces los proyectos salen adelante gracias a la insistencia, la autogestión y el deseo profundo de crear.
Esa misma precariedad también revela la fuerza de quienes seguimos apostando por el arte como forma de pensamiento, de sensibilidad y de transformación.
El arte no solo conecta con las emociones o la reflexión; también tiene la capacidad de abrir espacios de conexion con la espiritualidad.
En mi caso no tengo hijos ni es un tema presente ahora mismo en mi vida. Siento que cada proyecto que realizo lo vivo desde un lugar muy parecido, desde el amor, la entrega y el cuidado. Cada creación se convierte en una criatura, algo que acompaño, protejo y dejo crecer.
Sergi:
Mi hijo tiene ahora 18 años y ha decidido estudiar para ser artista. Ha crecido acompañándome a festivales de teatro por medio mundo. Nunca le animé a escoger este camino ni se lo pinté fácil; siempre le hablé de la precariedad del sector. Pero el arte, cuando te llama, es vocación. Si buscas ganar mucho dinero, probablemente hay que dedicarse a otra cosa.
Llevamos más de veinte años trabajando en el mundo del arte y la cultura. Hemos sobrevivido con dignidad, navegando las olas económicas. A veces hemos pedido subvenciones, pero no estamos profundamente integrados en los circuitos de ayudas estatales. Es un proceso muy agotador, lleno de burocracia, que muchas veces va en contra del tiempo necesario para crear.
El ecosistema cultural en nuestro país sigue siendo frágil y precarizado. Sin embargo, seguimos aquí, dedicando nuestras vidas al arte porque sentimos que no hay otra opción vital posible. El poder siempre ha decidido qué arte es importante, pensando en sus necesidades y poniéndolo a su servicio, pero el arte de verdad, más visible o menos, siempre ha existido y siempre existirá.
¿Animaría a mi hijo a ser artista?
No. Pero si ya lo es, si algo en él vibra ahí, entonces sí: lo animaré a serlo con toda la verdad y toda la entrega.
Quim:
Mi hija ha nacido y crecido en una residencia de artistas, en Cal Gras de Avinyó (Barcelona) y no sé si su camino será el arte, pero lo que si que sé, que para ella son normales las ventajas de utilitzar el proceso creativo en muchas decisiones y de forma inconsciente conocer sus emociones y tener herramientas para expresarlas; el sentido crítico, la diversidad de opciones en frente de cualquier reto, etc.