Entrevista a Acts of Liberation

©Acts of Liberation

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 «Lo posible es todo aquello que se puede imaginar»

Acts of Liberation

Acts of liberation es un proyecto de Rituales Artísticos Contemporáneos formado por Sergi Estebanell director artístico, creativo y performer, Luz Calvi, actriz creadora y terapeuta corporal integrativa, y Quim Moya, creativo, artista visual y performer.

Hoy queremos conversar con ellos para conocer un poco mejor sus trabajos, sus motivaciones, sus retos e inquietudes.

Partimos de un anhelo común, el de poner el arte al servicio de las personas y la transformación social. Nosotras desde esta plataforma queremos llegar a las personas a través de las emociones para poder generar conciencia de la crisis eco-social en la que estamos inmersos. Creemos en la justicia social y creemos que un mundo mejor, más pleno y más sano para las personas y para el planeta, es posible. Creemos que la transformación de los valores con los que nos manejamos son la clave para esa transformación.

¿Nos podriáis contar cuál es la visión detrás de vuestro proyecto? ¿Qué os mueve? ¿Qué aspectos de la sociedad, de la realidad cotidiana consideráis que necesitan ser agitadas, transgredidas? ¿Cuáles serían las claves del presente actual que consideráis más urgentes a la hora de cuestionar?

(AL)

Nuestra visión es encontrar nuevas formas de reconectarnos desde el contacto, la emoción y la experiencia vivida, creando espacios de encuentro donde podamos reimaginar colectivamente el mundo en el que vivimos. Sentimos que el arte puede ser un canalizador para abrir grietas en nuestra percepción y permitirnos habitar preguntas que normalmente esquivamos.

El arte, en este sentido, actúa como una herramienta política y sensorial que puede abrir caminos allí donde el lenguaje racional no siempre alcanza. Joseph Beuys decía que “todo ser humano es un artista”, entendiendo el arte como una fuerza capaz de modelar la sociedad. Nosotros trabajamos desde esa convicción.

Percibimos que vivimos en un mundo cada vez más individualista, narcisista y capitalista, donde el miedo se utiliza como herramienta de control. Como señala Byung-Chul Han, la sociedad contemporánea fomenta el cansancio, el rendimiento constante y la desconexión del otro. Esa deshumanización nos preocupa. Necesitamos espacios que sostengan la empatía, la confianza y la vulnerabilidad compartida, porque solo desde ahí podemos cuestionar el mundo en el que vivimos y tomar conciencia de las estructuras que nos atraviesan.

Nos interesa explorar: los miedo colectivos; el amor como puente de conexión entre las personas, decimos que es nuestro antídoto para los miedos; la conciencia para estar menos tiempo en piloto automático y las diferentes formas de comunidad que aún podemos imaginar.

Buscamos crear espacios donde estas preguntas puedan ser vividas, no solo pensadas.

En vuestras propuestas, elementos tan potentes como el dinero (valor supremo del orden capitalista) o los miedos son vuestro campo de trabajo. ¿Por qué habéis elegido la palabra “Rituales artísticos” para definir vuestros trabajos?

(AL)

Elegimos la palabra “ritual” porque sentimos que, como sociedad, hemos ido perdiendo los espacios de tránsito, celebración, duelo y comunidad que antes los ritos sostenían.

En un laboratorio que estábamos haciendo en Igualada trabajando en torno a los miedos invitamos al público a vivir una experiencia,  al acabar una persona se nos acercó y nos dijo: «Ustedes hacen rituales, rituales artísticos contemporáneos«. Nos fascinó la idea, porque consideramos que los rituales nos unen como comunidad y que algunos de esos rituales han quedado en el pasado, se han perdido en el camino. Algo similar esta ocurriendo con los ritos de paso, esos espacios de tránsito, como la celebración, el duelo, la entrada a un nuevo ciclo, etc. Es algo que con la productividad y el ritmo de la vida moderna estamos perdiendo.

El concepto de contemporáneo nos parece acertado, proponemos rituales, con temas que nacen en la actualidad,  y que también los nombramos como actos de liberación, por ejemplo: antes de entrar a alguna experiencia te pedimos que dejes tu aparato de interferencia/móvil dentro de una jaula hasta que acabe y cuando acaba, puedes recogerlo.

Cuando hablamos de rituales artísticos, nos referimos a acciones que no se repiten nunca de igual manera, que existen en un aquí y ahora irrepetible. Crear estos espacios nos permite frenar el ritmo, honrar lo que ocurre y poner el foco en las personas que están presentes.

En vuestro trabajo, hay una apropiación del espacio público muy impactante. Porque entiendo que, si hacéis una acción en un teatro, una sala, un espacio cultural, la gente que acude ya está predispuesta a apreciar vuestro arte…pero en la calle, un espacio público… no todo el mundo puede ser igual de receptivo… ¿Qué tipo de recepción encontráis a la hora de realizar vuestras acciones en la calle?

(AL)

La calle es el lugar donde recordamos que somos seres sociales. Es un espacio de mezcla, de diversidad, de espontaneidad.

Para nosotros, el hecho de llevar la acción artística al espacio público conecta directamente con ese potencial de la calle: no es un escenario controlado, sino un territorio vivo, imprevisible.

Como dice el antropólogo Manuel Delgado, la calle no es solo un ‘vacío’ neutro entre edificios, sino un lugar de conflicto, transformación y resistencia.

La calle nos invita a cuestionar el paradigma de la obediencia, a recuperar la sorpresa y la alegría compartida. Y facilita algo urgente en estos tiempos: la relación con el desconocido, la empatía con quien no conocemos, la emoción colectiva.

Las reacciones que encontramos son tan diversas como la vida misma. Y esa imprevisibilidad nos fascina: por eso nos gusta que el arte esté ahí, en el espacio público, en contacto directo con la realidad social en toda su complejidad.

El arte agita, despierta, mueve conciencias, transforma. Esto nos lleva a un tema peliagudo, el de la evidencia. ¿Se puede esto medir? ¿Habéis hecho alguna vez algún tipo de evaluación, de medición del impacto real de vuestras performances? ¿Cómo demostrar que el arte es disruptivo, emancipador o agitador de conciencias?

(AL)

Creemos profundamente que el arte es disruptivo, sanador y necesario. Es capaz de mover emociones y abrir perspectivas que no se pueden captar solo con datos cuantificables. Existen numerosos estudios en psicología, educación y neurociencia que muestran cómo el arte mejora el bienestar emocional, estimula la creatividad y facilita procesos de reflexión individual y colectiva.

Realizamos evaluaciones en algunos proyectos, no solo por exigencias externas, sino sobre todo para entender mejor nuestra práctica y seguir evolucionando. Para nosotros, el impacto suele ser evidente en el propio acontecimiento: en los cuerpos que se transforman, en las miradas, en las conversaciones que se abren.

Pero demostrarlo a quienes no quieren verlo es más complejo. Como decía Marina Abramović, “el arte verdadero se experimenta, no se explica”.
Para nosotras, la mejor forma de validar el impacto del arte es vivirlo en primera persona.

Sois artistas, ¿Vivís de vuestro arte? ¿Cómo valoráis el ecosistema de producción cultural en este país? ¿Tenéis facilidad para obtener financiación para poner en marcha proyectos artísticos? ¿Cómo consideráis que esta profesión es percibida en general en la sociedad? ¿Animaríais a vuestros hijos/as a ser artistas?

(AL)

Luz :

Para mí, lo artístico no es una opción profesional, es lo que me mantiene viva. Si la pregunta apunta a lo económico, diría que sobrevivo. Ser artista implica compromiso, responsabilidad y constancia, igual que cualquier otra forma de vivir. Pero también supone algo más, una enorme capacidad de resistencia.

El ecosistema de producción cultural es frágil, precarizado. La financiación no siempre es accesible, y muchas veces los proyectos salen adelante gracias a la insistencia, la autogestión y el deseo profundo de crear.

Esa misma precariedad también revela la fuerza de quienes seguimos apostando por el arte como forma de pensamiento, de sensibilidad y de transformación.

El arte no solo conecta con las emociones o la reflexión; también tiene la capacidad de abrir espacios de conexion con la espiritualidad.

En mi caso no tengo hijos ni es un tema presente ahora mismo en mi vida. Siento que cada proyecto que realizo lo vivo desde un lugar muy parecido, desde el amor, la entrega y el cuidado. Cada creación se convierte en una criatura, algo que acompaño, protejo y dejo crecer.

Sergi:

Mi hijo tiene ahora 18 años y ha decidido estudiar para ser artista. Ha crecido acompañándome a festivales de teatro por medio mundo. Nunca le animé a escoger este camino ni se lo pinté fácil; siempre le hablé de la precariedad del sector. Pero el arte, cuando te llama, es vocación. Si buscas ganar mucho dinero, probablemente hay que dedicarse a otra cosa.

Llevamos más de veinte años trabajando en el mundo del arte y la cultura. Hemos sobrevivido con dignidad, navegando las olas económicas. A veces hemos pedido subvenciones, pero no estamos profundamente integrados en los circuitos de ayudas estatales. Es un proceso muy agotador, lleno de burocracia, que muchas veces va en contra del tiempo necesario para crear.

El ecosistema cultural en nuestro país sigue siendo frágil y precarizado. Sin embargo, seguimos aquí, dedicando nuestras vidas al arte porque sentimos que no hay otra opción vital posible. El poder siempre ha decidido qué arte es importante, pensando en sus necesidades y poniéndolo a su servicio, pero el arte de verdad, más visible o menos, siempre ha existido y siempre existirá.

¿Animaría a mi hijo a ser artista?
No. Pero si ya lo es, si algo en él vibra ahí, entonces sí: lo animaré a serlo con toda la verdad y toda la entrega.

Quim:

Mi hija ha nacido y crecido en una residencia de artistas, en Cal Gras de Avinyó (Barcelona) y no sé si su camino será el arte, pero lo que si que sé, que para ella son normales las ventajas de utilitzar el proceso creativo en muchas decisiones y de forma inconsciente conocer sus emociones y tener herramientas para expresarlas; el sentido crítico, la diversidad de opciones en frente de cualquier reto, etc.

El acto creativo en sí mismo tiene algo de resistencia política. ¿Creéis que las personas están desconectadas de su propio potencial creativo? ¿Cómo se traspasan los límites creativos?

(AL)

Decimos en nuestras formaciones que todas las personas somos creativas, aunque a veces no seamos conscientes. Muchas de las personas que participan —artistas, educadores, terapeutas, trabajadores sociales— nos comparten que les cuesta conectar con su creatividad. Eso nos hace pensar que estamos desconectadas de nuestra parte más intuitiva e instintiva, la que no busca resultados sino expresión.

El acto creativo ya es, en sí mismo, una forma de resistencia política, tal como defendía Paulo Freire: crear es imaginar un mundo posible y no resignarse al existente. Cuando una persona se reconecta con su creatividad, se amplía su capacidad de imaginar, y ahí empiezan a caer los límites.

Una vez se abre ese canal, el límite creativo no existe.
Solo existen los límites que una misma se impone.
Lo posible es todo aquello que se puede imaginar.

Nos quedamos con esta bonita reflexión.: "Lo posible es todo aquello que se puede imaginar". Muchas gracias por vuestro tiempo y enhorabuena por vuestro trabajo.

©Acts of Liberation

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