¿Qué pasa con el feminismo?

©tylijura_goose_unsplash

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¿Qué pasa con el feminismo?

Han pasado años desde que la cuarta ola feminista entrase en nuestras vidas, invitándonos a ponernos las gafas violetas. Un nuevo impulso desde el pensamiento feminista surgido en el SXIX y que ha atravesado el SXX empujando el avance de los derechos sociales y que nos invita a cuestionar los condicionamientos estructurales sociales, profesionales y culturales, la mayor parte de las veces invisibles, que nos limitan como personas.

La cuarta ola feminista irrumpió en nuestras vidas, ya digitales, para ampliar nuestros horizontes y hacernos ver que otro mundo es posible. Una cuarta ola que a través de los nuevos medios de comunicación ha destapado la violencia de género estructural y silenciada que no entiende de clases sociales y que atraviesa nuestras civilizadas sociedades.  La era del “Me Too” en la que por fin nos hemos quitado la venda de los ojos y las mujeres han empezado a hablar. La era en la que la vergüenza cambia de lado gracias a mujeres valientes como Gisèle.  Una reivindicación de que una sociedad igualitaria y más justa es posible y que todavía queda camino por recorrer.  Una invitación a construir entre todos y todas un mundo habitable, inclusivo y sostenible sin dejar a nadie atrás.

Gisèle Pelicot par la Dae Quicolle ©Velvet en Flickr

Gisèle Pelicot par la Dae Quicolle ©Velvet en Flickr

 

Sin embargo y tras años de pedagogía y de “despertar feminista”, los datos que arroja la última encuesta del barómetro del FAD, nos advierte de un retroceso. 4 de cada 10 jóvenes se consideran feministas según el Barómetro Juventud y Género 2025 publicado en febrero de 2026 por el Centro Reina Sofía de FAD Juventud. Es un dato alarmante porque eso quiere decir que 6 no lo hacen y más de la mitad de los chicos que han participado en esta encuesta creen que el feminismo es una herramienta de manipulación política.

Esto es una señal de que algo está pasando y de que algo se está haciendo mal al explicar el feminismo. Crece en el imaginario colectivo la noción de que los hombres se encuentran en una posición de desventaja ante las políticas feministas. Si a esto le añadimos que las cifras de mujeres asesinadas por sus parejas o ex-parejas aumentan en vez de descender, necesitamos reflexionar.

Es por ello importante transmitir con contundencia que el feminismo, como corriente de pensamiento crítico, (sin entrar en el debate de las diversas formas de concebir el feminismo y adoptando una posición interseccional) lucha contra múltiples formas de opresión estructural (género, raza, clase, orientación sexual, identidad de género, capacidad) y que promueve la justicia social en sentido amplio y sigue siendo una fuerza vital para transformar sociedades hacia la igualdad, la dignidad y el respeto para todas las personas.

En la era de las redes sociales y de los algoritmos, los más jóvenes son presas fáciles de discursos radicalizados de extrema derecha. Este es el nuevo terreno de juego en donde se ganan elecciones y se moldea nuestro futuro. Incels, tradwives y demás nuevos “modelos a seguir” que se asoman a sus pantallas agitando valores con olor a naftalina que creíamos ya superados. Nuevos discursos que reivindican un pasado mejor, que agitan la bandera antifeminista y que polarizan a sus seguidores, responsabilizando al migrante como culpable del deterioro de la calidad de vida contemporánea.

Nuestra responsabilidad actual pasa, en mi opinión, por ser capaces de transmitir los valores que defiende el feminismo y al mismo tiempo seguir desmontando el constructo social invisible y patriarcal que nos oprime y violenta. Necesitamos llegar a los más jóvenes sin tecnicismos ni reproches. Es importante evitar desde mi punto de vista que el feminismo se perciba como un discurso excluyente. Necesitamos transmitir que el feminismo también libera a los hombres de estereotipos restrictivos, abordar preocupaciones masculinas e incluirlas. Que estamos en el mismo barco y que reclamamos justicia con una voz plural y diversa. El objetivo aquí es hacer pedagogía de un feminismo inclusivo y transformador de la sociedad que apela a un interés común. Este es el reto.

En la era de los tecno-bros, en la era del algoritmo y de los totalitarismos en auge, en un contexto de capitalismo de datos, lo que se nos presenta es la lucha de David contra Goliat. La lucha social siempre ha sido desigual, enfrentándose a estructuras poderosas y arraigadas que resisten al cambio. Un sistema cuyas bases coloniales, heteropatriarcales y antropocéntricas  nos están llevando a una sociedad cada vez más desigual e insostenible. Sin embargo, no hay que subestimar la fuerza que surge cuando la gente se une. Los derechos sociales se han logrado así. La unión transforma la vulnerabilidad en poder colectivo. Es en la solidaridad donde nace la capacidad de desafiar injusticias, abrir caminos y construir un futuro más justo y digno para todos. Que la fuerza nos acompañe.