Una conversación con el colectivo Baiven

©Lola Ruiz

©Lola Ruiz

Baiven es un colectivo de mediación cultural formado por Mar Sáenz-López Aumente y Alba Sáenz-López Aumente que a través de las artes escénicas fomenta el intercambio horizontal de experiencias, perspectivas y conocimientos, así como el desarrollo del pensamiento crítico. Su labor se sustenta en la defensa de los derechos culturales, promoviendo su democratización, accesibilidad y participación activa. El colectivo busca una implicación real con las comunidades y los territorios, a partir de enfoques deconstructivos y transformadores que favorecen la reflexión y la acción colectiva.

Muchas gracias por compartir vuestro tiempo con nosotras y participar de esta conversación.

Nos gustaría preguntaros en primer lugar, como mediadoras culturales, ¿podríais darnos una breve descripción acerca de vuestra metodología a la hora de enfrentaros a un proyecto de creación comunitaria para que se dé la participación activa de las personas? ¿nos podríais trasladar algún ejemplo de este tipo de práctica?

(BV)

A la hora de enfrentarnos a un proyecto de creación comunitaria para que realmente reforcemos esa participación activa de la que habláis primero entendemos desde Baiven que la creación comunitaria es un proceso largo, es un proceso de escucha, de vinculación y de corresponsabilidad con el grupo. No estamos acostumbradas como sociedad a esa participación activa.

 

Vivimos en un modelo de democracia representativa que ha delegado toda la toma de decisiones en una serie de estructuras y nosotras como ciudadanos nos implicamos en ello. No tenemos agencia a la hora de decidir, por ejemplo, qué tipo de cultura queremos consumir. Tampoco opinamos sobre la cultura que consumimos.

 

Simplemente asistimos y rara vez decidimos y rara vez lo creamos. Ese es el reto que nos parece más relevante. Trabajar para que las personas que conforman un grupo puedan proponer, puedan traer su memoria, sus deseos, su propia experiencia y que esto sea materia activa de creación de una forma democrática y horizontal y que no haya una jerarquía a la hora de tomar esas decisiones.

 

Por eso, cuando empezamos un proceso de trabajo comunitario, no damos por hecho que la participación esté entrenada, como que la trabajamos como una práctica, ya que participar implica muchas cosas. Implica asumir una voz, un riesgo, una escucha y tener una responsabilidad para con el grupo. Y eso, como he comentado anteriormente, requiere de mucho tiempo, de procesos largos, de mucho cuidado y de confianza con el propio grupo.

 

Trabajar con el cuerpo fomenta mucho esto porque estamos entrenadas para organizarnos y para relacionarnos a través de modelos más dialógicos y cuando lo que se fomenta es un intercambio a través del cuerpo es bastante más fácil poder romper con esa jerarquía y poder habitar y trabajar en procesos más horizontales. Hemos trabajado este modelo y esta metodología con muchos grupos con los que tenemos proyectos regulares porque, como hemos comentado, es una metodología que requiere de mucho tiempo y de prácticas procesuales, pero con la que más lo incidimos es con un grupo con el que conformamos una compañía que se llama la CIA Baiven y con el que investigamos y quisimos profundizar en toda esta práctica de co-creación tan rara y tan poco implementada en nuestro contexto. Con esta compañía conformada por personas con y sin experiencia en el trabajo de las arte s escénicas y también con la especificidad de que eran personas con y sin diversidad funcional estuvimos co-creando obras.

 

Estrenamos una obra escénica hace unos cuantos años, en el 2022/2023  y luego tenemos otra con otro grupo dentro del marco de la misma compañía pero cambiaban los perfiles al año siguiente.

Trabajáis en contextos muy diversos y también habéis realizado talleres en centros escolares. En las escuelas predomina el aprendizaje basado en la lecto escritura y tradicionalmente se le da muy poco espacio de experimentación y expresión a los cuerpos. Vosotras que trabajáis con el cuerpo, ¿creéis que hay una mayor apertura ahora hacia las prácticas relacionadas con los cuerpos? ¿Qué aprendizajes o impactos habéis observado que se dan entre los y las participantes de este tipo de experiencias?

(BV)

Sí que percibimos una mayor sensibilidad y apertura en muchos centros educativos desde hace unos años a esta parte. También existen programas muy interesantes como toda la red que tiene Pedagogías Invisibles con Planea, que nos parece un trabajo muy valioso y que está incidiendo mucho en llevar el arte, y una parte de ella es en llevar las artes escénicas al ámbito educativo. También es verdad que ha habido otra iniciativa en los últimos años que sentimos que el enfoque no es todo lo transformador que podría ser, como la iniciativa de los auxiliares de danza que se empezó a implementar hace un par de años en la Comunidad de Madrid, la cual incidía más en que se mantuviese y en perpetuar una tradición alrededor de los bailes tradicionales en la comunidad, más que en cómo puede beneficiar para la infancia el trabajar dentro del cuerpo, y cómo puede mejorar e incidir en los propios sistemas educativos y en los propios currículos de la infancia.

 

Sí que sentimos que hay equipos docentes que buscan metodologías más integrales, eso que todavía se convive con una estructura muy basada en una evaluación muy cuantificable, en una gestión del cuerpo desde la disciplina, que el cuerpo sigue siendo algo que se ordena, se sienta en el aula y se calla, como que no es un medio para explorar el mundo y para aprender a través de él, como que lo corporal no es un complemento a lo cognitivo y nosotras incidimos mucho en romper con esa jerarquía. Está por un lado lo cognitivo y luego está el cuerpo. El cuerpo es el contenedor y con el cuerpo sentimos y también aprendemos desde el cuerpo. Cuando el cuerpo no tiene espacio para experimentar, también se limita la imaginación, la escucha incluso, y esto es lo más importante y revolucionario, la capacidad crítica. ¿Y qué aprendizajes e impactos observamos? Hay algunos muy visibles y otros muy sutiles, pero también muy profundos.

 

Un reconocimiento y autoestima corporal indudable. A nivel grupal es muy interesante, porque con el cuerpo se puede trabajar la escucha y la convivencia de forma muy revolucionaria, que de otra forma, y como comentaba antes, desde una perspectiva más dialógica muchas veces es más difícil. Podemos llegar a tener una inclusión real, porque al final el cuerpo es de las cosas más democráticas que existen en todo el mundo. Y del arte también, trabajar con el cuerpo es de las artes más democráticas, porque todo el mundo tiene un cuerpo.

 

Y si ampliamos los límites de la danza, cualquier expresión con mi cuerpo, podría llegar a denominarse danza, si así lo quiero. Como he comentado, se desarrolla todo ese pensamiento crítico y creativo. Incluso también se transforma, y también nos parece muy interesante, el rol del docente y el rol del equipo directivo, del equipo del propio centro.

 

Porque la experiencia corporal es una experiencia más compartida y de esta forma se visibiliza mucho esa jerarquía y aparece otra forma de autoridad, basada más en la presencia y en la escucha.

A punto de celebrar el 8M, y con los datos de la última encuesta a jóvenes realizada por FAD en la que se identifica una caída del sentir feminista de los más jóvenes (38,4% en 2025) respecto a los datos de años anteriores (49,9% en 2021), vosotras, mujeres, jóvenes, emprendedoras y activistas del arte como herramienta de inclusión social y en contacto con públicos diversos ¿cómo percibís el impacto del feminismo en las nuevas generaciones tanto en vuestro entorno como en el de los contextos en los que trabajáis?

(BV)

Esta pregunta la sentimos compleja a la vez que necesaria. Somos de una generación que ha crecido con el feminismo ya en circulación, no lo descubrimos como algo clandestino, sino como una conversación social abierta y sentimos que eso también cambia nuestro punto de partida. Sin embargo, ahora con las nuevas generaciones sí que percibimos que esto ha tenido un pivotaje.

 

Los datos que mencionáis nos preocupan bastante porque también consideramos que conviviendo con generaciones que ahora tienen entre 6 y 12 años, toda la que abarca la primaria, pues sentimos que este movimiento está generando mucha reacción entre los jóvenes. Entre jóvenes que tienen un entorno digital que les atraviesa la vida. Nosotras sí observamos que hay muchos jóvenes que cuestionan la etiqueta feminista, también hay otros que lo defienden con mucha claridad. Chicas que han incorporado muchos discursos de autonomía y que reivindican esa etiqueta, pero que por las redes sobretodo, conviven con una presión estética y relacional muy fuerte.

 

Que a nivel movimiento y a nivel creación lo sentimos muy tácito, cómo bailamos, cómo nos movemos, para quién nos movemos, qué tipo de movimientos estamos haciendo, cuáles estamos imitando y no son genuinos de nuestra propia manera de movernos o cómo queremos expresarnos. Sí que sentimos que el feminismo ha impactado profundamente, pero su traducción en esta generación no es homogénea. El papel que juega el arte en este contexto sentimos que es bastante revolucionario.

 

Cuando trabajamos en espacios en los que tratamos que las decisiones se tomen colectivamente, ya por ser bastante revolucionario y que sigue trabajando en un eje feminista, las jerarquías se revisan en el grupo, todo esto vinculado con lo que hemos comentado en esa primera pregunta. Los cuidados indudablemente se sitúan en el centro, eso es propio de una ética feminista. Y también trabajar e incidir en que los cuerpos diversos tienen presencia, tienen legitimidad, tienen espacio y tienen cabida en el arte, en el aula y en la vida en general. En nuestro proceso el impacto más claro no sería tanto que todas las personas se están definiendo ahora mismo como feministas o se nombran desde ahí, sino que sí que sentimos que las relaciones sobre las que podemos trabajar en los grupos con los que nosotras trabajamos son por lo menos más igualitarias, más conscientes y más corresponsables.

 

Aunque como hemos nombrado previamente también nos interpela y nos da vértigo esa incidencia y ese avasallamiento que trae consigo el consumo en estas edades de las redes sociales y en cómo se muestran los cuerpos y el movimiento en las mismas.

 

©Jana Cotillas

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©Talpico

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©Lola Ruiz

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