Una conversación con Heike Freire

©Jorge Leal

©Jorge Leal

Buenos días Heike, muchas gracias por dedicarnos tu tiempo para contestar a estas preguntas. Desde La Revolución de las emociones, suscribimos la necesidad de cultivar el amor por la naturaleza desde pequeños y nos encanta tu labor. Ahora que se acaba de republicar esta nueva edición ampliada y revisada de “Educar en Verde. Cómo superar el déficit de naturaleza y cultivar el amor por la tierra”, nos gustaría hacerte una serie de preguntas:

¿Podrías explicarnos brevemente en qué consiste la Pedagogía Verde para los que no están familiarizados? ¿Cuáles son los principales conceptos detrás de esta mirada pedagógica?

(HF)

Mira, la pedagogía verde es un enfoque educativo y terapéutico basado en el contacto con la naturaleza. Nuestro objetivo es mejorar el bienestar, la salud, el desarrollo y la plenitud del ser humano a través de este vínculo con el medio natural. Trabajamos en todas las etapas de la vida, desde los cero hasta los cien años, como yo suelo decir, pero es verdad que los primeros tres años, los primeros seis, los primeros ocho, los primeros doce…, hay una serie de etapas infantiles y es en estos momentos de la etapa infantil, hasta los dieciocho, yo diría, donde se construyen las bases de la persona. Y esas bases de la persona, históricamente, a lo largo de cientos de miles de años, nos hemos construido los seres humanos, en contacto con el medio natural.

Es solo los últimos doscientos años aproximadamente, que realmente vivimos en contextos mucho más urbanos y más encerrados. Hoy en día, pasamos de media el ochenta por ciento de nuestro tiempo en espacios cerrados, conviviendo principalmente con máquinas y con muy pocos seres vivos, cuando lo habitual era, convivir y desarrollarnos en contacto con una biodiversidad muy grande.

Conceptos importantes, por ejemplo, uno de ellos es el déficit de naturaleza, que es una hipótesis según la cual muchos de los trastornos, no solo infantiles, sino también adultos, pero bueno, infantiles en concreto, tanto físicos como psicológicos, se derivan de él.

Por ejemplo, el hecho de que muchos niños y niñas hoy en día necesiten gafas tiene que ver con que no están suficientemente en contacto con la luz natural, con la luz del sol, y que es lo único que hace madurar nuestro sistema visual. Esto dicho por oftalmólogos, ¿vale? Problemas, por ejemplo, de alergias, de asmas, por el hecho de vivir en contextos donde no hay vida, no hay suficientes bacterias, hongos, en fin, toda la microbiota que necesitamos para fortalecer nuestro sistema inmune. Problemas, por ejemplo, de desarrollo. Todos hemos visto durante la pandemia cómo los niños y niñas de menos de tres años, que están intensamente en ese proceso de desarrollar su motricidad, por el hecho de estar encerrados, pues tuvieron retrasos psicomotores o retrasos del habla porque necesitamos relacionarnos con muchas personas, ver muchos rostros. También ha habido problemas a raíz de ese período en el 2020, ha aumentado muchísimo los problemas de salud mental en adolescentes y jóvenes, pero también en niños y niñas, ¿no? Sabemos por los estudios, que realmente el contacto con la naturaleza es fundamental para el bienestar en general y luego para un correcto desarrollo del ser humano y sin un buen desarrollo de todas las capacidades, evidentemente, no puede haber un buen aprendizaje tampoco. En esto es sobre lo que trabaja la pedagogía verde.

Otro concepto muy importante, que también está en el subtítulo del libro, es el cultivo del amor por la tierra, y te explico un poco por qué. Porque en estos problemas de contacto con la naturaleza que tenemos, hay dos lados. Hay, por una parte, la pérdida de oportunidades, es decir, que los estilos de vida urbanitas, encerrados, que tenemos principalmente desde hace doscientos años, que esto es una novedad en la historia de nuestra especie, nos perdemos las oportunidades de entrar en contacto con el medio natural. Parte del trabajo de la pedagogía verde consiste en aumentar esas oportunidades de conexión con lo natural. ¿Cómo se aumentan esas oportunidades? Pues trabajando, como decimos nosotros, en la renaturalización de espacios. Por ejemplo, la renaturalización de las ciudades, de los parques infantiles, la renaturalización de las casas, de los estilos de vida de las familias, pero también la renaturalización de las escuelas, de los patios, que consiste en no solamente traer naturaleza, sino también tener más el hábito de trabajar en el medio natural, ¿no? La mayor parte, por ejemplo, de las educadoras de infantil, primaria, secundaria, están entrenadas para enseñar en espacios cerrados, donde es muy fácil controlar un grupo y puedes hacer una pedagogía más basada, precisamente, en el control y la vigilancia. Mientras que trabajar fuera requiere otro tipo de habilidades, entre ellas, por ejemplo, el desarrollo de la confianza con los alumnos, el trabajo sobre el riesgo, el acompañamiento del riesgo y una serie de habilidades muy distintas de las que son necesarias para trabajar en un espacio interior. Esa es una de las partes importantes, que es ofrecer más oportunidades para que entremos en contacto. Y la otra parte tiene que ver con trabajar hacia la orientación afectiva.

¿Y qué quiero decir con esto? Aquí es donde lo que trabajamos es el cultivo del amor por la tierra, porque tú puedes tener muchas oportunidades de ir ahí fuera, pero si has perdido el hábito de estar en contextos naturales, en entornos naturales, entonces te costará relacionarte igualmente, ¿no? Es como el amor, ¿no? Cultivar el amor por la tierra es como cultivar el amor con cualquier otro ser vivo. Si tú tienes un novio que no lo ves nunca porque vive en Australia, pues poco a poco, el cariño que le hubieras podido tener, lo vas perdiendo, ¿no? Entonces, eso es fomentar las oportunidades y trabajar en la orientación. Para trabajar en la orientación, lo que trabajamos es la atención, el contacto con la naturaleza restaura nuestra atención y desarrollar la capacidad de atención es fundamental en el mundo en el que vivimos, por varias razones. También trabajamos en favorecer la relajación, la regulación emocional del estrés y de la ansiedad, que es otro de los problemas fundamentales que tenemos hoy en día y que generan los entornos urbanitas y encerrados. Y el tercer punto es cultivar ese amor por la Tierra, que requiere un acercamiento de los niños y niñas a la naturaleza que está fuera. Un acercamiento desde el cuerpo, desde los sentidos, desde las emociones, etcétera, y una capacidad cada vez mayor, de poder estar en esa relación y de poder estar en ese amor.

¿Crees que actualmente hay mayor conciencia de la necesidad de cultivar el vínculo con el entorno natural en nuestra sociedad en general? ¿Y en las escuelas públicas en particular? Me refiero especialmente a los centros escolares de los entornos urbanos.

(HF)

Creo que efectivamente hay mayor conciencia de la necesidad de cultivar el vínculo con el entorno. Lo que no hay son herramientas y tampoco una comprensión profunda de la importancia real de esta conexión. Porque conectar con la naturaleza no es estar en un escenario, no es estar en un paisaje, es una manera también de estar de otra forma.

Ahora estaba en otra entrevista y me preguntaba una madre si yo creía que abrazar árboles es una buena práctica para los niños y las niñas. A ver, el trabajar al aire libre requiere unas herramientas diferentes de un trabajo en el que no se tiene en cuenta la naturaleza del ser humano tampoco. Entonces, si tú dices: «Es bueno abrazar árboles,» yo no digo ni que sea bueno, yo creo que sí que es bueno, pero es bueno en unas condiciones determinadas. Es decir, si tú coges una clase, la sacas al jardín que tienes en el patio y les pones en fila a abrazar árboles, seguramente los beneficios, no serán los mismos que si de manera natural, los niños y niñas están jugando, moviéndose libremente por ese espacio, relacionándose con esos seres, con un acompañamiento adecuado y de pronto, a una criatura, pues le nace ese cariño por ese árbol y va y le da un abrazo. ¿Ves la diferencia?

La diferencia es que no solamente es estar con la naturaleza, sino es estar de manera natural con la naturaleza, conectando con nosotros mismos también, con nuestros propios ritmos, con nuestras necesidades. Y esto es lo que creo que no se acaba de entender, y de hecho, se vio también durante la pandemia, cómo algunas maestras sacaron todo el mobiliario de clase por ejemplo, a una playa, incluida la pizarra. No sé cómo lo hicieron. Y entonces se pusieron a dar una clase tal cual, sentados y en los pupitres. Y a veces veo personas que se llevan a los niños al bosque y llevan las sillas también, ¿no? Entonces el trabajar con la naturaleza significa trabajar con dos tipos de naturaleza. Una es el entorno natural, que es el conjunto de seres vivos, de plantas, de animales, de elementos de tierra, de aire, de, de nubes, en el que estamos  pero también con nuestra propia naturaleza, porque somos naturaleza. Y uno de los efectos más importantes que tiene el contacto con la naturaleza, es que recuperamos la sabiduría interna, recuperamos la espontaneidad y recuperamos la capacidad de seguir nuestros propios ritmos y de saber lo que necesitamos en cada momento. Entonces, eso no se puede tirar a la basura y convertir los bosques o los jardines o las playas en aulas, como dicen algunas personas, porque no son aulas, son espacios vivos donde necesitamos trabajar de una manera diferente, ¿vale? Entonces, sí, hay mayor conciencia, porque se ve en los niños y las niñas no solamente los trastornos que pueden llegar a tener por esta falta de contacto, por este exceso de pantallas, por este exceso de estar encerrados en espacios cerrados, que no es lo natural para una criatura, por este exceso de sedentarismo, que los niños y las niñas necesitan moverse para pensar, para desarrollarse, para crecer, para sentir, sino que además es el cómo lo hacemos, y el cómo es muy importante. En las escuelas siempre chocamos, ya no con los currículos, porque los currículos siempre se ponen como excusa, chocamos con las formas de hacer, con cómo sabemos hacer las cosas y la dificultad que tenemos para hacerlas distinto. Y yo diría que en las familias también, ¿no? Y esta es la clave: ¿cómo podemos organizarnos de manera distinta para conseguir resultados que son mucho mejores? Porque esta es la clave. Un niño o una niña que crece en contacto con la naturaleza, que aprende en contacto con la naturaleza, se desarrolla mucho mejor, es mucho más feliz y tendrá herramientas para toda su vida, herramientas que son insustituibles y que no da ningún otro enfoque.

Desde tu perspectiva, ¿Cómo de conjugable es la Pedagogía Verde con el currículo escolar en nuestro país?

(HF)

Mira, ya que la tercera pregunta va un poco en el mismo sentido, para completar la anterior, comentarte que, por ejemplo, sí hay necesidad de cultivar el vínculo con el entorno natural. Por ejemplo, en las escuelas, en los últimos 10 años, ha habido mucho movimiento con el tema de los patios. Se han gastado millones de euros en transformación de los patios, etc.

Pero los resultados, finalmente, son menores de lo que se esperaba, porque la cuestión no es solo transformar los entornos, como te decía antes, para favorecer las oportunidades, sino también cambiar la orientación. Yo tengo escuelas que sí que las maestras dicen, sí, sí, muy bien, que nos pongan un patio muy bonito, pero que nosotros aquí lo vemos detrás del cristal. O que dicen que es que no salen al patio porque es que los niños no quieren salir al patio.

Porque los niños, a base de estar encerrados y a base de estar enchufados a las pantallas, han perdido esa orientación innata de amor por lo vivo que traen todos los seres humanos, que la llamamos biofilia. Entonces, evidentemente, hay interés. La necesidad se ve clarísimamente, porque se ve en todos estos síntomas del déficit de naturaleza que te he mencionado y que podrían mencionar muchos más.

Pero, ¿cuál es el problema? El problema es que nos cuesta dar los pasos y, sobre todo, nos cuesta cambiar nuestras formas de funcionar y de organizarnos. Entonces, ¿cómo de conjugable es la pedagogía verde con el currículo escolar? Pues yo diría que es totalmente conjugable porque el currículo no es el problema. Yo he estado colaborando con consejerías, personas dedicadas al currículo, a realmente trabajar sobre el currículo, a ofrecérselo a las escuelas, a difundirlo, a realmente trabajar sobre él.

Y lo que vemos con esas personas es que el currículo no es un problema en realidad. El currículo es un falso problema que se evoca, del que se habla cada vez que las personas están diciendo que les cuesta cambiar y hacer las cosas de otra manera. Porque realmente lo que hace la pedagogía verde y lo que hace el contacto con la naturaleza son dos cosas muy importantes.

Una es volver a darle a las maestras, a los educadores en general, el sentido de su profesión, que en muchos casos, debido a toda esta burocratización de la enseñanza, que eso sí que es verdad, que es exagerado y que hay que pararlo, muchas maestras que son vocacionales o maestros o profesores que son vocacionales, realmente están perdiendo o han perdido el sentido de por qué están haciendo ese trabajo. Y esto, al trabajar desde el enfoque de la pedagogía verde, lo recuperan porque ven realmente el porqué de la educación. Y dos, lo que supone es volver a situar la práctica educativa en los valores.

Porque no educamos para que los niños aprendan un currículo. Educamos para transmitir o para contagiar unos valores. Y detrás de esos valores viene el desarrollo de capacidades.

Y ahí la naturaleza es fundamental precisamente para que recuperemos el sentido y la esencia de lo que es educar, que son los valores. Y a partir de los valores, como te digo, ahí vienen los contenidos y viene todo. El currículo escolar es muy flexible.

Son unas orientaciones que se dan para que luego los profesores encuentren la manera y los educadores en general encuentren la manera de llevarlo adelante. Y no hay una sola manera, hay miles de maneras. El problema es que nos cuesta cambiar.

Pero cuando vemos los resultados, cuando vemos maestras y maestros mucho más motivados, cuando vemos niños y niñas con un desarrollo más completo, más holístico, que no solamente repiten  los contenidos como loros, sino que son capaces de resolver problemas, que son capaces de tener una opinión crítica sobre algo, que son capaces de apasionarse, por ejemplo, en la defensa de lo vivo, que es una de las consecuencias de esta relación intensa con la naturaleza. Entonces cuando vemos esas capacidades tan importantes que han desarrollado, vemos que esto es lo real. Y lo otro es una ficción a la que recurrimos para justificar que las cosas se hagan siempre de la misma manera y que no probemos hacerlas de otra.

Y no es experimentar, porque muchas de estas maneras, estas herramientas para hacer las cosas vienen de muy atrás, son muy antiguas.

La pedagogía ambiental podríamos apuntar que tiene como objetivo educar y cultivar el vínculo del niño o niña con el entorno natural para poder, conocerlo, valorarlo, respetarlo y cuidarlo. Además de ser beneficioso para el desarrollo del menor, creo que es también una herramienta fundamental para formar a futuros adultos con conciencia medioambiental. Y parece además una tarea urgente y necesaria dada la crisis climática que estamos atravesando. Sin embargo, ¿Cómo ves tú esta percepción en la sociedad actual? Apelar a la responsabilidad colectiva para buscar soluciones requiere en primer lugar una toma de conciencia ¿Crees que hay conciencia real de la crisis ecosocial en la que estamos inmersas?

(HF)

Bueno, ahí estás tocando un punto terrible, porque claro, la educación ambiental se fomentó muchísimo durante unos años como te decía, con metodologías bastante anticuadas, basadas en presentaciones, en imágenes, sin contacto con la naturaleza. En estos últimos 15 años, y creo que Educar en Verde ha contribuido bastante a esto, ha habido un cambio grande en todo el ámbito de la educación ambiental, pero ¿qué ocurre? Primero, en relación al currículo que antes mencionamos, la educación ambiental se pone, o bien como una asignatura (que no la suele haber) o más comúnmente como una extraescolar, talleres, etc. Y la educación ambiental no es eso, porque, como digo, educar en contacto con la naturaleza, es algo que transforma y que es beneficioso para el desarrollo de los niños y es beneficioso para nuestra relación con la tierra, para construir culturas más biocéntricas, más basadas en el amor hacia lo vivo y en el cuidado.

Y esto es lo que necesitamos, porque eso es lo que hará que generación tras generación vayamos cambiando esta relación destructiva, esta relación extractiva, esta relación que ignora completamente las cualidades de lo vivo, su inteligencia, su sensibilidad, de todos los seres vivos.

Entonces, esto es un problema gordo a nivel interno educativo. Yo recuerdo un amigo que decía, la educación es ambiental o no es educación. La educación hoy en día, en la situación planetaria que tenemos, no está basada en el amor por la tierra, porque la educación nunca ha sido solamente algo, como la vemos ahora, para que una persona se inserte en el mercado de trabajo.

Es importante también, que las personas puedan integrarse en la sociedad, los niños y niñas que se supone que están en período de crecimiento, aunque no hay que esperar a que tengan 18 años, porque ya forman parte de la sociedad, pero podría verse así.

Pero es que el otro lado de la educación ha sido siempre la transformación social, en el sentido de que educar es producir cultura y es transformar la cultura. Y no solamente es para el futuro, es también para el día de hoy, porque los niños y las niñas tienen un impacto en la sociedad, tienen un impacto en sus familias, tienen un impacto, y porque realmente, para poder acompañarlos desde este contacto y este vínculo con la naturaleza, es necesario que nosotros cambiemos también las formas de hacer, como te decía antes. Entonces, esto es muy importante, cómo podemos situar esto, no como una asignatura que casi ya no la hay, o conocimiento del medio o tal, que es muy poco, o como un taller, sino realmente como el centro, porque es, hoy en día, quizá nuestro principal reto como sociedad y como planeta.

Y, por otro lado, hablas de apelar a la responsabilidad colectiva, y este es el problema fundamental, es que realmente, fíjate, en el mundo New Age y en algunos mundos así, de la terapia y tal, la gente habla mucho de los ancestros, porque nuestros ancestros, evocar a los ancestros, y, efectivamente, hay una continuidad de la vida entre el pasado, el presente y el futuro, y necesitamos situarnos ahí, necesitamos, de alguna manera, reconectarnos también con esa memoria de nuestros ancestros. Pero, sobre todo, necesitamos tomar conciencia de que somos ancestros también. Por ejemplo, el empleo que estamos haciendo hoy de la Tierra, las transformaciones, el uso y abuso de la Tierra que estamos haciendo hoy, lo heredarán las generaciones futuras. Y esto, hoy en día, está completamente enterrado, a nivel emocional, porque nos duele tanto ver que las condiciones de la vida, quizá sea la primera vez en la historia del planeta que no se van a reunir para nuestra especie, si seguimos destruyendo las condiciones de la vida, que son las condiciones de los ecosistemas, que son las condiciones de la biosfera.

Entonces, aquí, efectivamente, hay un trabajo profundo de toma de conciencia de esta crisis ecosocial, pero, sobre todo, del hecho de que somos ancestros. Y es un trabajo educativo, y no es solo con los niños y las niñas. Es que lo bonito también de la educación es que, para educar, necesitamos educarnos, sobre todo, en el contexto en el que estamos hoy, en el que realmente no sabemos.

Nosotros estamos educadas en una cultura extractiva, en una cultura que destruye lo vivo en lugar de cuidarlo. Necesitamos educarnos nosotras mismas, también en el cuidado de este vínculo con la Tierra, para realmente poder educar también a los niños y las niñas. Tenemos que educarnos juntas.

Por ejemplo, “yo sé muchas matemáticas y voy a enseñar a los niños matemáticas”. Vale, puede que sepa matemáticas, pero no tengo ni idea sobre cómo cultivar el vínculo con la naturaleza. Y necesito aprender de ellos y aprender de mí y caminar con ellos juntos.

No tengo ni idea de cómo construir un mundo que deje de destruir la vida o que deje de destruir las condiciones de la vida para nosotros y para las generaciones futuras. No tengo ni idea de cómo ser una buena ancestra. Y esto que señalas me parece muy importante.

¿Tu color favorito?

(HF)

Sobre mi color favorito, cuando se publicó por primera vez Educar en verde hace ya 15 años, pues algunas personas decían ¿por qué el verde? Si la naturaleza es de todos los colores, pero en realidad, efectivamente, en la pedagogía verde el color verde es un símbolo, es un símbolo de lo vivo, de los brotes, de donde nace la vida, de lo que sostiene la vida. Pero mi color favorito nunca ha sido el verde exactamente como tal, sino un color que yo llamo verdeazul, que tiene otro nombre, pero ahora mismo no sé decirte, que es una mezcla del verde y del azul. Por ejemplo el color de las algas en el mar, de algunos brotes, es este color que es una mezcla de verde y de azul. El océano, el cielo a veces, y este es el color que a mí más me gusta, porque a mí me transmite esa energía del origen de la vida.

Gracias Heike por esta conversación.

©Paidós